El hacha de partir los huesos

Una selección de poemas del catedrático y escritor costarricense Carlos Manuel Villalobos.

Butcher's | Andrea Kirkby CC

 

LA COSTURERA

       

A las costureras

A mi madre

 

Ella enhebra la saliva. 

Ella mide y traza con la tiza un pájaro en la tela.

 

Su ojo cruza el ojo de la aguja.

y ata el viento a la bobina.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

La tijera es un baile de muchacha sobre el hielo.

La tijera es un reptil hambriento que corre por el llano.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Su Singer de pedal anda por la tela 

con los labios apretados.

 

Su Singer gime a todo grito su trabajo.

 

Su Singer gime a toda máquina 

las ganas de un abrigo.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Ella sabe la puntada que lleva la costura de los sueños.

 

Ella sabe remendar el alma 

cuando se hiere con las púas de la tarde.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

Ella cose guiños y recatos.

Cose el silencio y las palabras.

 

Ella cose el ruedo de un suspiro.

Ella cose los ojales de un secreto.

 

Ella cose las sisas que ajustan unas manos a la piel.

 

Luego corta. Luego une. Luego pega.

 

 

EL GUACHIMÁN

 

                A los cuidadores de carros

 

Es una sombra. Es un gendarme.

Es un rostro que ladra en el espejo de los carros.

 

Su armadura es un garrote

y unos ojos de lechuza, su credencial.

 

Todas las noches se nombra dueño de la noche

y todas las noches, 

es un ojo de ojo al Cristo por la calle.

 

Los precios varían según la fiesta y la corbata.

A veces el pago es una sonrisa.

A veces el pago es un váyase al demonio.

 

Es cierto: no es seguro su seguro,

pero el guachimán es un ángel de la guarda

que aguarda sin dormir.

 

Es un ángel que espera un ángel

que lo salve cada noche.
 

 

LA VENDEDORA DE ORGASMOS

 

                A los trasvestis de la zona roja

 

Esta calle es una rifa del deseo.

Todo carro aquí es una moneda al aire.

Todo chofer aquí es una carta de póker.

Cada pregunta por el precio aquí es un tiro de dardos en la noche.

 

Ella viste desvestida.

Ella es una piñata de besos por la calle.

Ella es un par de senos moviendo la alegría.   

 

Los compradores de amor pasan despacio.

Ella parece un imán de ganas en la mirada.

Los compradores de amor frenan y preguntan.

 

Esta esquina es una rueda de la fortuna.

                  Frenan y preguntan.

 

Ella es un trasero, una pierna, un ombligo.

                  Frenan y preguntan.

 

La noche gime. 

La noche muerde el tallo de las flores más nocturnas.

                    Frenan y ya no preguntan.

                    No preguntan.

 

La rueda bruja de la espera gira.

            No preguntan. 

 

¿Quién vendrá con su cara secreta a besar la herida?

            No preguntan.

 

¿Quién comprará esta noche el labio,

el labio tigre, el labio vestido con el labio de una diosa? 

           

            Alguien frena. 

La puerta del carro es un abrazo.

 

AMOR A MARES

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga 
o el que paga por pecar?

    Sor Juana Inés de la Cruz

 

Percanta de tango en tango,

        mujer a oscuras y en silencio.

 

Chingada de la chinga madre,

        mujer de escándalo en la noche.

 

Cualquiera una de cualquiera uno,

        novia de Dios ahora y en la hora.

 

Gata gamberra de mil amores,

        serenata de labio en labio.

 

Hetaira de la hetera Tais,

        mercante de pimientas en la ruta de la seda. 

 

Loba de la luna, luna de la loba,

        María de la O, simplemente María.

 

Meretriz de triste silabario,

        Magdalena, simplemente Magdalena.

 

Candonga de la conga conga,

        monja de amar a mares.

 

Vicio de servicio al vicio,

         antiguo menester del Santo Oficio.

 

Pantera de afilados besos en la cama,

        mujer de tacones en la esquina

 

Suripanta de los sueños húmedos,

        corazón molido de amor a mazo

 

Ramera mera de los bares,

        piragua de puerto en puerto por el río.

 

Vampiresa de la Gloria Celestial,

        ninfa de todo goce aquí en la Tierra.

 

Lumia libertina de lumia libertad, 

        oculta fantasía de la lluvia despeinada.

 

Manceba de todas las aves de rapiña,

guardiana de todos los secretos.

 

Trabajadora del viento y de la sombra,

        luciérnaga de mil poemas.

 

Serpiente concubina de la calle,

        beso redentor de los suicidas.



 

LOS CARNALES SECRETOS DE LA VIDA

 

                    A los carniceros

 

No es cierto. 

No es obra de demonios la palabra carnicero.

No es cierto. 

No es gavilán de muerte la palabra carnicero.

Su cuchillo no es navaja de cortar el cuello de los vivos.

El hacha de partir los huesos 

no es crueldad de magras ceremonias.

 

Más bien, 

todo carnicero es un íntimo profeta de las vísceras,

un artista que sabe desguazar los gustos de la cocina, 

y sabe como nadie de jarretes, rabos, lomo

y otras finas guacas del ganado.

 

Más bien, 

todo carnicero es un sabio de la posta,

un astrólogo que sabe el movimiento lunar de las entrañas,

un minero que sabe cavar un túnel por debajo de los huesos 

y hallar al otro lado vetas de rico solomillo.

 

Más bien, 

todo carnicero es un culto catador de atisbos para el fuego.

Un juez enviado al mundo por los dioses sibaritas.

Es él quien lanza a la basura las hieles de lo inocuo. 

Es él quien pone en las vitrinas de la fama,

los jamones, las costillas o el hueso para el caldo.

 

No es cierto. 

No es un fúnebre placer por el cadáver 

la palabra carnicero.
 

 

EL ESPEJO OCULTO

A los recolectores de la basura

 

Por aquí pasan dos veces: lunes de fijo

y jueves salvo la Semana Santa.

Yo les dejo el asco, mi carroña

y toda la verdad de todo

en paquetes de silencio.

 

Ellos vienen, no preguntan, 

y recogen este rastro de mi sombra. 

 

Ellos vienen y se llevan

todo el polvo que le arranco

a lo que pienso.

 

Ellos vienen y tiran al camión

de la basura

las huellas que vomito por el alma.

 

Ellos vienen y recogen

uno a uno mis pecados.

 

Pasan por aquí temprano,

no preguntan

y se llevan mis olores,

los avisos de la muerte

y todas las palabras

que le sobran al poema.

 

Ellos vienen y se llevan

este espejo que ocultamos.  


 

EL AFILADOR
 

A los afiladores

 

“El afilador de cuchillos no viene en bici desde su casa, viene de otro tiempo”.  

Luis Chaves

 

Es curiosa y casi loca esta manía

de andar de puerta en puerta

preguntando por el filo de las cosas.

 

Es curioso, pero es cierto:

paco a poco los puñales van perdiendo

su donaire,

y de tanto morder maderas

los serruchos, diente a diente,

se desgastan la finura,

y de tanto cortar los hilos de la vida,

yarda a yarda,

las tijeras van perdiendo el apetito.

 

Es por eso, que sí, que desde luego,

que venga y toque el timbre 

el hombre de amolar cuchillos,

que afile todo en la cocina,

y de paso afile el ojo,

la lengua y el oído.

 

Que sí, que pase

y que lo afile todo:

el espejo que perdió el encanto

el reloj que se cansó del tiempo,

los colmillos de la historia

que dejó el olvido en el olvido.

 

Que sí, que entre, desde luego,

que traiga la piedra de afilar y el esmeril

y deje con todo el filo de besar

el beso 

que hace tiempo no besaba

con locura.
 

 

JUEGA LA PALABRA

 

A los narradores deportivos

Empieza el juego. 

Arranca los motores de su cuento el narrador. 

Corren sus palabras como galgos por la línea de la muerte.

Cuenta gota a gota cada sangre. 

Cuenta grito a grito las heridas.

 

Juegan los que juegan.

Juega el juego con delirio la palabra.

Juegan de porteros los artículos.

Juega el sustantivo como el rey de este combate.

El verbo es un caballo que conjuga los galopes.

Las lanzas son adverbios

y el grito de las llamas, el adjetivo.

Un sujeto con sintagmas ya sabidos sale al paso

y cien interjecciones sueñan goles en las canchas de alucine.

 

Juegan los que juegan.

Juega el juego con delirio su palabra.

Un terremoto de hablar invade al narrador.

Punto y coma, interjección, coma, dos puntos,

puntos suspensivos, signo de pregunta, punto.

Un tigre de gritar reside en su garganta.

 

Juegan los que juegan.

Juega el juego con delirio la palabra.

Hay falta y no hay reclamo que diga lo contrario:

Atrapan al gerundio haciendo nido en patio ajeno.

No acepta el narrador el dictamen de la ley.

Dice fiera y fieras salen de su boca.

Dice viento y huracanes y tifones salen de su boca.

Dice sin parar diciendo lo que dice: 

Un torbellino de pájaros está vociferando.

Un tren a vapor ardiendo atiza su garganta.
 

 

EL ÚLTIMO ROUND

 

            A los boxeadores

 

Es un toro de embestir a muerte.

Es un mazo de tumbar murallas.

Es el aspa de un molino.  

Es el golpe de las hachas en la ceja del rival.

 

Sube al ring con alma de rottweiler

y azota los ojos contra el fuego

para darse la victoria.

 

Suena la campana.

Gritan los gritos de la gente.

Ladra el corazón de los guerreros.

Los guantes son quijadas ya se sabe que de burro.

Los guantes son bisontes peleando por la gloria.

 

Derecha, izquierda: un crochet.

Directo, gancho: el jap de la sentencia.

Se incendia un lobo aullando entre la gente.

Golpe bajo. Golpe de suerte.

Golpe directo. Golpe de gracia.

 

Un dragón herido rueda por la lona.

 

Del espejo sale la caída.

Del espejo sale la derrota.

De espejo sale el golpe que duele en la memoria.

 

No puedo más. No es gracioso el circo de esta fama.

 

Un día de estos tiraré la toalla.

 

Un día de estos me iré a coser una a una las heridas.


 

NOVIA DE DIOS

A las monjas

Apaguemos la luz en este cuarto

y hagamos celibato a oscuras y en silencio.

 

Ocultemos aquí las ganas de las ganas

y hagamos castidad hasta la muerte.

 

Cerremos toda cueva de humedad

para los lobos,

que no se abra de pétalos la flor

y no venga nunca el colibrí a libarla.

 

Callemos aquí a los hijos

que ovulan y ovulan preguntando

por los peces de la vida.

 

Demos a Dios un harén de velos y rosarios.

Demos a Dios mil esposas lavando los pecados 

de este mundo.

 

Hagamos votos de piedra.

Votos devotos del santuario al himen sin tocar.

 

Hagamos votos de blancura.

Votos devotos del alma limpia y sin estrías.

 

Digamos a Dios que sí, 

que aceptamos esta boda con la noche.

 

Digamos a Dios que sí,

que suyo es este labio

que suyo es este beso que nunca besará,

que suyo es este pecho 

de pezón callado.