Entro en ti como en la habitación entra la noche

Presentamos una selección de poemas de Nelson Blass, una obra donde el tiempo se degolla en las agujas de un reloj y la vida se mide en los días que tarda un cuerpo en volver a la tierra. Entre la sensualidad de los encuentros nocturnos y la frialdad de los pasillos de hospital , Blass construye un universo donde el mañana carece de importancia y la muerte es la única sombra que sigue, fielmente, nuestros pasos.

 

 

La geometría del abandono

Un perro lleva días muerto a la orilla de la carretera

 

Día I

 

Parecía dormir plácidamente

De costado, el aire a ras del suelo golpeaba su abdomen

No parecía estar muerto.

 

 

Día II

 

El peso de su cuerpo forma un ángulo más angosto con la tierra

Comprendí la desgracia

El cuerpo sin deformación o sangre descartaba una muerte violenta.

 

 

Día III

 

Iba apresurado

Las agujas del reloj degollando el tiempo

Recordaban mi demora

 

El cuerpo pasó desapercibido

Como tantas veces nuestra muerte pasa desapercibida ante el ajetreo de los demás.

 

 

Día IV

 

La postura era la misma

Su cuerpo como globo olvidado desinflándose en un rincón de la casa

Su piel, corteza carcomida por gusanos

Sus patas, ramas secándose al tiempo.

 

 

 

Sentada en el sofá de la sala aguardas mi llegada

El oeste es un lienzo descolorido

Reconoces la combustión de mi vehículo

Abres el portón de tus brazos

Y entro en ti

 

Mi brazo descansa en tus hombros

Rama incrustada a tu cuerpo

Preguntas cómo estuvo mi día

Y es inevitable hablar de aquel susodicho que no cumple ninguna  de  las características

que debería tener alguien en su cargo

Y que aún así, parece no darse cuenta de su ineptitud

Coincidimos en que esa es la razón por la que estamos como estamos

 

Sin previo acuerdo nuestras miradas en un andar rápido por nuestro entorno

Se detienen en la serenidad del cuadro pintado al óleo

El mar

Las islas

Las chozas

 

Dime ¿amanece o es un atardecer?

 

 

 

Ninguna voluntad de la contraparte es importante,

Cuando el bienestar individual prevalece.

 

Todos los días

Escondido en mi habita la apatía hacia todas las cosas

Unos días más que otros

Hoy más que uno de esos días

 

La vida parte del llanto

Todos lo sabemos

Hoy vi llorar neonatos y seniles en un pasillo del hospital

 

Siete infelices años allá

Cuatro infelices años aquí

Así me lo repiten

Flor que toco se deshoja

 

En nada he cambiado

Tantos años pasados y soy el mismo

 

El mañana no importa nada

 

Salgo a caminar sin dirección

Y las bocinas de los autos suenan a mi espalda

Entiendan que nada importa

 

He sentido golpes más fuertes.

 

 

 

 

Después del azul del cielo

El espacio es un rincón inexplorable

En el que buscamos a tientas algo en que creer

Algo a que aferrarnos

No hay nada ahí semejante a nosotros

Solo rocas moviéndose en la libertad de sus órbitas

En medio de ese vasto espacio

Sin escaparse ellas mismas del ciclo de la vida

Nada que ha muerto puede volver a vivir

Solo transformarse

 

Las plegarias que se elevan al cielo se fragmentan en el ascenso

Siendo menos que fonemas diluidos

Viajan atraídas por fuerzas gravitacionales

Uniéndose a unas

Y separándose de otras violentamente

Es un bucle

Un error de lenguaje computacional

Ininteligible

Sin un oído que las escuche.

 

 

 

Ahora pronunció tu nombre sin anteponerle el pronombre posesivo

Nada mío es ya tuyo

Nada tuyo es ya mío

Tu tiempo es tu tiempo

Ahora soy un astro entre millones de astros

qué se aleja hacia la oscuridad escapando de tu órbita

El aire aquí es más helado

Volteo,

Eres un punto azul pálido suspendido en un vacío que devora la luz

 

 

 

La calle está más transitada que en el día

Las voces, los motores, las luces

Entran por la ventana en un collage multimedia

Recorren la habitación y vuelven a salir.

 

En la calle la vida es movimiento

Adentro, también.

 

Mi mano es la noche que avanza en tu cuerpo a tientas

Es una sombra exploratoria y traviesa

Se detiene en el andar nocturno

Se apropia de valor y continúa

 

Escucho los sonidos de tu cuerpo en la noche

Siento el estremecer de tu cuerpo en mis manos

Entro en ti como en la habitación entra la noche.

 

 

 

Hemos decidido de mutuo acuerdo

Parar con esta correspondencia sin sentido

Atrevimiento de mi parte incomodarte

Gota de lluvia que se acumula y recorre tu tejado en busca de una comisura

Una grieta en tu pensamiento

Mis dos sílabas surgiendo de tu boca

 

 

 

Los toldos

 

De lejos vemos los toldos

Vasos y platos descartables tirados en la calle

Ecos de llantos que no cesan

Formalina disipándose del cuerpo inerte

Es la muerte que sigue nuestros pasos

 

Vemos los toldos de largo

Oímos entre el sueño de la madrugada

Una voz acompañada de un motor anunciando la muerte

Ese susurro de motor forzado nos increpa

Giramos en la cama para conciliar el sueño

 

Caminamos rápido para pasar entre el dolor

Con indiferencia

Los toldos también nos ven

La muerte nos ve y nos deja alejarnos

Porque sabe que de su vastedad nada se escapa.

Nelson Blass

Nelson Enrique Blass García. 15 de noviembre de 1992. Masatepe, Masaya. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica. Ha publicado en la revista digital Equinocci0, Círculo de poesía, Casa Bukowski y Ágrafos. Poemas suyos aparecen en las siguientes antologías Ánforas del Cisne (2018) La casa de los poetas (2021) y Los pájaros cantan de noche (2023) . Antologador de Antología Poética Masatepe (2020). Participó en el XIV festival internacional de poesía de Granada en 2018. Ha participado en talleres de poesía y narrativa impartidos en la UNAN-Managua y El Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano y en los talleres en línea “Literatura Salvadoreña generacional” …

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Sobre Antropología del poema (Managua: Leteo ediciones, 2012).