La mitificación de la muerte en la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo

¿Qué sucede cuando la frontera entre lo tangible y lo intangible se diluye? Jennifer Quiroz analiza la omnipresencia de la muerte en la obra maestra de Juan Rulfo, examinando su papel como motor de la trama y símbolo de la identidad cultural mexicana. Un recorrido por los ecos de Comala, la figura del cacique y el diálogo eterno de las almas en pena que han hecho de esta novela un pilar de la literatura universal.

Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando

como si fuese un montón de piedras.

Juan Rulfo

 

 

La minimalista novela de Juan Rulfo, Pedro Páramo, ha sido objeto de un amplio espectro de valoraciones críticas, que oscilan entre la admiración por su innovación literaria y las observaciones sobre las dificultades que plantea para el lector. Su estilo narrativo no lineal y su estructura fragmentada rompen con las convenciones tradicionales, obligando al lector a asumir un papel activo en la construcción del significado. Este carácter innovador ha sido señalado como uno de los aportes fundamentales de Rulfo a la literatura hispanoamericana. Según Vega (2015), los personajes y el lenguaje en la novela emergen directamente de la realidad popular, lo que otorga autenticidad y profundidad al texto. Este enraizamiento en lo popular no solo preserva el encanto de la prosa poética, sino que también la eleva como una forma de arte que dialoga con las tradiciones orales y culturales de México. Así, Pedro Páramo se erige como un puente entre la literatura universal y las voces marginadas, transformando estas últimas en un vehículo de trascendencia literaria.

 

En Pedro Páramo convergen múltiples mitos que contribuyen a la construcción de su rica simbología, uno de los más destacados es la muerte. Para numerosos críticos, la muerte se erige como el eje central de la novela, no solo por su omnipresencia en la trama, sino también por su capacidad para articular un rasgo regionalista característico de la época. Juan Rulfo no solo incorpora este elemento, sino que lo resignifica y lo convierte en una herramienta narrativa que trasciende lo anecdótico para explorar dimensiones universales de la existencia humana. Este aspecto plantea una interrogante fundamental: ¿Qué simboliza la muerte en la novela? A través de la narración, la muerte se despoja de su carácter definitivo para convertirse en un espacio de diálogo entre lo tangible y lo intangible, entre la memoria y el olvido, esto, evidentemente, dota a la obra de una profundidad que va más allá de los límites del tiempo y el espacio.

 

La novela comienza con la llegada de Juan Preciado a Comala, un pueblo cuya simbología trasciende su simple localización geográfica. El nombre "Comala" evoca un comal sobre un fogón, una imagen que sugiere calor abrasador y desolación, atributos que lo identifican como la entrada al infierno. Este simbolismo no es casual; desde su primera mención, el pueblo se presenta como un lugar impregnado por la muerte. La razón que impulsa a Juan Preciado a visitar Comala es una promesa que hizo a su madre antes de su fallecimiento: encontrar a su padre, Pedro Páramo. Como lo expresa el protagonista: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo” (p. 65).

 

La muerte de la madre de Juan Preciado adquiere un peso fundamental, no solo por desencadenar los eventos de la historia, sino también por representar un rasgo profundamente arraigado en las tradiciones regionales: la importancia de cumplir la última voluntad de los muertos. Este acto de lealtad filial se entrelaza con un imaginario colectivo en el que los anhelos de los fallecidos no solo deben ser honrados, sino también ejecutados, subrayando la conexión intrínseca entre los vivos y los muertos. A través de esta dinámica, Rulfo plantea desde el inicio que la muerte no es un final, sino un vínculo continuo que permea la totalidad de la obra.

 

A lo largo de la novela, se revela que Juan Preciado es el hijo rechazado por Pedro Páramo. Sin embargo, lejos de guardar rencor, es la necesidad de descubrir sus raíces lo que impulsa su descenso a Comala. Esta búsqueda, cargada de anhelo e idealización, pronto se desmorona al confrontar la realidad del pueblo. Lejos de la imagen cálida y esperanzadora que su madre le había transmitido, Comala se revela como un espacio sombrío, desolado y opresivo. Rulfo describe este ambiente con precisión: “Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias” (p. 66). Estas palabras evocan una atmósfera asfixiante que anticipa la naturaleza sobrenatural del lugar.

 

Desde su llegada, queda claro que Comala no es un sitio ordinario, sino un lugar habitado por fantasmas, donde sólo habitan la tristeza y la muerte. Este descubrimiento, además de transformar la percepción de Juan Preciado, también contamina la del lector, quien comienza a vislumbrar que la frontera entre los vivos y los muertos se diluyen, confunden y conviven. De esta forma, Comala se transforma en un escenario metafísico, un limbo en el que las emociones humanas más profundas—la pérdida, el arrepentimiento y la soledad—se entrelazan con el pasado y lo espectral.

 

Estas descripciones también evocan un paralelismo con el descenso de Dante al infierno en La divina comedia. La atmósfera opresiva y sombría de Pedro Páramo guarda similitudes con la que experimenta el poeta en su travesía infernal: “A mitad del andar de nuestra vida me extravié y me encontré sumido en una oscura selva. ¡Ah! ¿Cómo describir el pavor que me produjo? Casi era tan terrible como la propia muerte” (p. 1). Ambas obras comparten el mito de la búsqueda, el descenso a lo desconocido y el enfrentamiento con la muerte en sus diversas manifestaciones.

 

En Pedro Páramo, el viaje de Juan Preciado se asemeja a una exploración de las profundidades del alma humana y sus tormentos, de manera análoga al viaje de Dante a través de los círculos infernales. La atmósfera asfixiante de Comala y su cualidad fantasmal convierten al pueblo en una alegoría del infierno, donde los personajes están atrapados en un ciclo interminable de remordimientos y recuerdos. Este paralelismo no solo enriquece la lectura de la novela, también refuerza la universalidad de su temática, al conectar la narrativa de Rulfo con uno de los mitos literarios más perdurables de la cultura occidental.

 

A medida que transcurre el relato poblado de voces, ecos y murmullos, Juan Preciado se adentra en Comala y descubre que los habitantes, tanto vivos como muertos, tienen un conocimiento íntimo de su padre, Pedro Páramo. Él es el epicentro de las historias que configuran el pasado del pueblo, transformándose en una figura omnipresente en la memoria colectiva. La evocación constante de su imagen por parte de los muertos no solo revive los acontecimientos que definieron a Comala, sino que también permite a Juan Preciado reunirse simbólicamente con su padre, quien representa tanto la causa de su viaje como el misterio central de la trama.

 

El nombre "Pedro Páramo" posee un profundo valor simbólico que enriquece la interpretación de la novela. Pedro, como discípulo de Jesús, es descrito en la tradición cristiana como la piedra angular sobre la que se edifica la iglesia. De manera análoga, Pedro Páramo se convierte en el pilar de Comala, un personaje cuya influencia define la esencia del pueblo. Sin embargo, mientras que el Pedro bíblico simboliza la fe y la salvación, Pedro encarna el poder terrenal y la corrupción, proyectando su sombra sobre Comala y convirtiéndolo en un lugar de desolación. Esta dualidad simbólica refuerza la complejidad del personaje y subraya la tensión entre lo espiritual y lo mundano que permea toda la novela.

 

Otro mito representativo presente en Pedro Páramo, profundamente arraigado en la cultura mexicana, es el encuentro entre los vivos y los muertos. Esta interacción se manifiesta claramente en la celebración del Día de Muertos, una tradición en la que, como señala la revista mexicana El Comercio (2022), "la muerte no representa una ausencia, sino una presencia viva". Esta concepción cultural transforma la muerte en un puente entre dos mundos, permitiendo que los fallecidos permanezcan como parte activa de la vida de sus seres queridos.

 

En la novela, este mito adquiere una dimensión trascendental. La muerte no solo afecta la narrativa, sino que estructura toda la obra, otorgándole una atemporalidad que difumina las fronteras entre el pasado y el presente. Los muertos en Comala no son figuras estáticas; a través de sus voces y recuerdos, reviven los acontecimientos del pueblo, dotando a la trama de una continuidad simbólica. Este paralelismo entre la tradición cultural y la narrativa de Rulfo enriquece la lectura de la obra, al conectar su universo ficticio con las creencias populares mexicanas, donde la muerte es concebida como una extensión y perpetuación de la vida.

 

Considerando este aspecto, queda claro que el mito de la muerte es el núcleo que impulsa toda la trama de la novela Pedro Páramo. Aunque no se expone de manera explícita, la muerte se revela como el eje central a través de la lectura, permeando cada rincón de la narrativa y guiando las acciones de los personajes. Este simbolismo impregna no solo el espacio físico de Comala, sino que también estructura su dimensión temporal, donde los eventos del pasado y las voces de los muertos configuran el presente.

 

Un detalle revelador es que Juan Preciado, el protagonista, llega vivo al pueblo, pero sucumbe a la muerte tras dos días de permanecer en Comala. Este hecho subraya el carácter ineludible de la muerte en el universo de la novela. Rodeado por almas que vagan en un estado perpetuo de penitencia, en busca del eterno descanso, su propia muerte lo integra al ciclo continuo de remordimientos y recuerdos que define al pueblo. De esta manera, su experiencia simboliza la inexorable absorción de los vivos por el mundo de los muertos en Comala, reforzando la idea de que la vida y la muerte son estados interconectados e inseparables en la narrativa de Rulfo.

 

Este es otro aspecto crucial que merece destacarse: ¿por qué las almas en la novela de Rulfo no encuentran descanso? Según lo expresado en el Catecismo de la Iglesia Católica, “los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre en Cristo” (p. 5). En otras palabras, el descanso eterno está reservado para aquellas almas libres de pecado. Sin embargo, en Pedro Páramo, Comala está lleno de ánimas que no han logrado trascender, un reflejo de la creencia popular de que las almas en pecado quedan atrapadas en el mundo terrenal, esperando ser redimidas a través de las oraciones de los vivos.

 

En la novela, estas almas no solo representan el peso del pecado individual, sino también la corrupción colectiva y la decadencia moral que definen al pueblo. La presencia de estas ánimas en Comala subraya una ruptura con el orden divino, donde los pecados no expiados perpetúan un estado de limbo eterno. Este fenómeno no solo conecta la trama con las creencias religiosas tradicionales, sino que también refuerza el simbolismo de Comala como un infierno metafórico, donde las almas están condenadas a repetir sus tormentos sin esperanza de redención inmediata.

 

La figura de Pedro Páramo en la novela está profundamente vinculada con el mito del cacique mayor, una representación que resuena con la tradición cultural mexicana. Según Sánchez (2016), el cacique es definido como una entidad de superioridad que ejerce poder y control en una provincia o pueblo indígena. Esta descripción encuentra eco en Pedro Páramo, quien se erige como el eje de toda la actividad en Comala. Su influencia abarca no solo los eventos históricos del pueblo, sino también las vidas y destinos de sus habitantes, consolidándolo como una figura omnipotente en la narrativa.

 

Además de su papel como déspota absoluto, Pedro Páramo encarna otra dimensión del autoritarismo: la capacidad de decidir sobre la vida y la muerte. Esto se refleja tanto en su relación con Susana San Juan, símbolo de sus pasiones y obsesiones, como en su última venganza sobre Comala, donde su fuerza destructiva sella el destino del pueblo. Esta representación refuerza la idea de la muerte como una herramienta que Páramo utiliza para ejercer control, subrayando su similitud con un dios caprichoso que dicta quién merece salvación y quién está condenado. Así, Pedro Páramo no solo representa la figura del cacique, también es una personificación de la muerte misma, consolidando su papel como el epicentro de Comala y de la narrativa.

 

La muerte reaparece con fuerza al final de la novela, en un clímax casi apocalíptico que marca el declive simultáneo de Pedro Páramo y Comala. Este descenso queda plasmado en la descripción de los últimos momentos de Pedro: “Allá atrás, Pedro Páramo, sentado en su equipal (…) sintió que su mano izquierda caía muerta sobre sus rodillas” (p. 177). Con su caída, los personajes que habitan la narrativa también se desvanecen, sugiriendo que la existencia de Comala estaba intrínsecamente ligada al poder y la presencia de Páramo.

 

Sin embargo, la muerte de Pedro tiene una carga simbólica que trasciende el desenlace narrativo. Su final recuerda la cita bíblica del Eclesiastés: “el polvo vuelva a la tierra, y el espíritu vuelva a Dios” (p. 7), un recordatorio de la naturaleza efímera del poder humano frente a las fuerzas trascendentales. En este contexto, su muerte no solo representa el fin de su dominio tiránico sobre Comala, sino también un punto de inflexión entre lo real y lo ficticio, entre la memoria y el olvido.

 

No obstante, la desaparición del pueblo plantea una interrogante abierta: ¿se esfuma Comala porque sus habitantes han sido liberados de los pecados que los condenaban, o porque su conexión con Pedro Páramo ha llegado a su fin? En cualquier caso, la muerte se eterniza como la esencia misma de la novela, dejando a Comala convertido en un infierno perpetuo, un lugar donde la memoria y el castigo coexisten como reflejo de la fragilidad humana y la corrupción del poder.

 

 

Referencias

Alighieri, D. (2006). La Divina Comedia. Managua: Distribuidora Cultural.

Catecismo de la Iglesia Católica. (s. f.). Catecismo de la Iglesia Católica. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a12_sp.html

El Comercio. (2022, noviembre 1). Día de Muertos 2022: por qué se conmemora cada 1 y 2 de noviembre. https://elcomercio.pe/respuestas/cuando/historia-del-dia-de-muertos-en-mexico-2022-conoce-desde-cuando-se-celebra-y-por-que-el-1-y-2-de-noviembre-mexico-tdex-revtli-noticias/

Rulfo, J. (2011). Pedro Páramo. Madrid: Ediciones Cátedra.

Sánchez, I. S. (2016, enero). El caciquismo en México: la otra cara de la democracia mexicana. Estudios Políticos (México). https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-16162016000100007

Vega, G. (2015, enero 6). Juan Rulfo, el prodigio literario que se consagró con sólo dos obras. Cultura Prensa. https://www.gob.mx/cultura/prensa/juan-rulfo-el-prodigio-literario-que-se-consagro-con-solo-dos-obras?state=published