Es obligatorio cincelar la cicatriz

Una selección de poemas de la Ganadora en Primer Lugar del Premio Nacional Lisímaco Chavarría Palma 2021 en Categoría Juvenil con su poemario "Vorágine"

Feet, fotografía tomada de Pixabay

UTOPÍA 

 

Tomé la pluma en mi izquierda como un centurión agita el látigo 

lacerante tal cual liberar un tuétano del hueso 

a veces es obligatorio sumergir los dedos en la herida, cincelar la cicatriz

cuando la bengala puntual amenace con abrir los ojos, no despertés aún 

te escribo oprimiendo el corazón en el puño

oscilando el bisturí como el forense que no puedo evitar ser 

y sin embargo, le rompí la punta al lápiz, por frustrar el poema 

como quien le amputa la cornamenta al ciervo

oír el latido, aún en lontananza, del can que te acosa con afán de caza. 

 

Casi inerte, como un bedel con su blasón 

sin pronunciar vocablos, sin disimular ademanes, 

sin ocuparte de acatar interrogantes

te marchaste aquel crepúsculo de abril. 

¡Alina, aférrate a la vida, Alina!  

 

Pronunciar tu nombre implica asentarse a la desolación, 

es un lince carcomiendo los sesos

ardid de la memoria exiliando el tiempo. 

Al funeral intervienen vicarios,

hay desconsuelos que amordazan y otros mientras, punzan la voz

sometiéndola a una encrucijada, sin potestad de olvidar el pasado. 

Clamo misericordia en tus tímpanos, vos estremeciéndote me sermoneás con litigios 

y me agusanás las manos. 

 

Alina, posiblemente tus manos estén urdiendo golondrinas 

en mares con dársenas y desechos. 

 

Te amé, como el vicio de una prostituta.



 

TURBACIÓN

 

Cóncava luna en tu destello

tu blanco brazo me oprime 

bajo la grandeza del olmo 

esclareces el vientre 

del anochecer precoz. 

 

Pretendí adelgazar mi visión 

absorta en un recuerdo 

mamá benigna, 

en el muelle de tu seno 

aplacaste mi existencia. 

 

En la suicida noche 

imploré la cuna de rejas caídas 

cada bofetón del progenitor 

rompe la efigie 

algún áspid padrino 

apagó mi esplendor. 


 

SACRAMENTO 

 

Me bautizaron tarde 

con un diluvio de melancolía

en el regazo de la madre errónea

mi mirada joven clamó a Dios 

lloré también en el asfalto 

en el dormitorio, en el pasillo 

pero el mundo no me vio.

 

En la pila sumergida

mis entrañas eran ríos

la lluvia 

un adiós de tu creencia 

una tableta de opioides por hora 

me retuvo lidiando con la pena. 

 

Parí la noche tormentosa 

el día que enterré a mi hermano

una escritora en mi lugar

sombra del gran artista

del gran ciprés, y mi presa es fiel

es más capricho que castigo 

el averío de ángeles se ha esfumado 

con el brío doloroso de un desamparo. 


 

PROFANACIÓN AL SILENCIO 

«No me mientas

no me digas la verdad

no te quedes callada

no levantes la voz

ni me pidas perdón»

Calamaro

 

Hay circunstancias en las cuales el silencio 

es una representación del adagio

el juicio, el purgatorio, el bautizo. 

 

Desnaturalizar tu ausencia con la certeza de un desengaño 

como corteza que agoniza en otoño

sepultar el daño en un sueño 

tal cual fuese praxis de metonimia, o hedonismo.

Después comprenderás por qué mientras me mirás

mido la hendidura de las telarañas, 

la oquedad en las grietas, la purificación de la gotera hasta desvanecerse 

es complejo ese imperativo de enfrentarse contra sí mismo, 

y pese a la derrota, o pese a la victoria, no satisfacerse.

 

Acatar tal o cual sentencia, a medio morir, tropismos de adulterio

me aprieto el crucifijo, temo caer de la cruz 

los sollozos son el diapasón del poema 

oprimía sin cesar la traílla en la carne de su voz. 

Respondéme, ¿desafiás al dolor con desvaríos?

Aplicás las palabras como prótesis de tus sentidos seculares 

se precipitan los mástiles, creer hasta hacer que te olvido al azar 

interpretaré adverbios, alvéolos del verso

me he limitado a indagar el tabú de tu ausencia

cuyo fin será la impunidad de mi dolor, para siempre.

 

FUSIÓN 

In albis

 

La mística se perfila

a tí, clandestina hechicera

que troca del temporal

un tierno cúmulo de agua

río sin timbre ni estrecho 

en fundamento del atroz relámpago 

maldice al invierno

con tu vil sopor besas sin tregua

se nos escurre el tiempo en los labios

te he perdido. ¡Oh, expolio asolador!

 

Esa es la geometría

palabra que te calma

silvestre mar entre albas púrpuras

fue derrota encausada por Mercurio retrógrado

y te he espiado a oscuras

cuando solo existe el glacial

de tu dolor

derretido en una lágrima.

 

 

INSURRECCIÓN

 

Tu sombra impura

recorre la habitación espectral

acechando cada sueño a su paso

un súcubo en la cama de Jesucristo

imbuidos en la filosofía de Apolo

simulacro de un ansioso don.

 

Camina con rastro premeditado

la danza silvestre

de un rincón tétrico hasta el mío 

redondas vías del voluptuosos seno

el cielo y el orbe nos adula

y aunque la noche es lujuriosa

seguiré velando tu silueta

en este emebeleso preconcebido. 

 

 

AGONÍA

     “Algún día, pronto, y espero que sin ruido ni dolor, desapareceré bajo la tierra”

 

Tú, quien mi cielo tornó negro, 

un rostro demacrado para tu desventura

sonrisa extinta y el eco de los sepulcros

salvajes avecillas, ebrias luciérnagas 

disparé con el pulso trémulo 

mi gemido estrépito rompió el pórtico 

en una esquina grité epístolas con maleficios

por el dominio del desaliento

desobedecí todas las leyes e invoqué lo prohibido. 

 

Ni el ímpetu umbrío de los lobos

sacrificará un tropel de corderos

la mirada consternada ante la muerte 

condena de hipotermia, o la ascua

el trayecto de cenizas por un pasado.

 

El dolor se escapa en este aliento 

mis ojos se ensopan

olfateo la carroña

el corazón ulcerado

esculca el deshecho del polietileno y vidrios

deseando hallar mi estertor

¿Cuál perito? ¿Cuál psicólogo?

No hay juez, no hay paz.

 

 

LUTO 

 

Estaba el adiós benévolo del ocaso

desmenuzar los sueños con cada desvelo

puño de cenizas lloradas, cáscaras de mi soberbia

soledad soberana en el umbroso despojo

imbricación que me acusa.

La libélula de luz desnuda

se arroja en el toldo de la luna. 

 

No tengo resurrección ni muerte

soy un arlequín yerto, despiadado

como noche en cautiverio

amanecer sin luz, llanto calcinado

al rayo del alba infiltrado en mi ataúd. 

 

Durará esta pena, influjo del amor

las córneas enyesadas sienten el abyecto

su voz migra a una promea envejecida

perseguí el asilo reconfortante

y me tumbé en las escaleras

con un bisturí entre el pecho. 

 

Encarcelado abismo vengador

oculta ámbar implorada.Del Saturno

memoria de sidérea lumbre

me han colmado las penas

eres tan infeliz, mi pobre amada

que tu ausencia es indiferente.

Daniela Herrera

Daniela Herrera Arguedas, Costa Rica, (2005). Autora del libro Intemperie (2021). Ganadora en Primer Lugar del Premio Nacional Lisímaco Chavarría Palma 2021 en Categoría Juvenil con su poemario "Vorágine", gestora cultural, galardonada en los géneros de cuento, teatro y poesía. Aplicó en cursos de Literatura y Derechos Humanos por la Universidad Nacional de Costa Rica, en Fundación Caballero Bonald, en el CELIT de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la Universidad de San Isidro Dr. Plácido Marín, y a raíz de otras eventualidades.

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