Y de largo, tu cuerpo se vuelve eco
En estos poemas, Hamilton Sánchez explora la experiencia cotidiana desde una imaginación que subvierte lo real y desplaza el sentido hacia la imagen poética. Entre el humor, el asombro y la intimidad, su escritura convierte la lluvia, el amor, la ausencia y la memoria en escenarios donde lo insólito irrumpe con naturalidad, revelando una voz joven de notable frescura e intensidad.
Fotografía de Aldo Vásquez
Títere
La lluvia no son las lágrimas de Dios,
tampoco es el agua evaporizada que cae de las nubes,
mucho menos es el orín de papa Chu.
La lluvia son hilos que evitan que la tierra se caiga.
Intempestiva
Por los poros de los montes se puede observar
que un grano de arena descansa en la atmósfera
y que un zacate nace hasta en las nubes.
Esto ya me ha sucedido
pero lo sé hasta ahora:
Las ausencias obligan a ponerse al revés:
Uno duerme en los pieceros de la cama
para cambiar hasta la rutina del sueño.
Pero eso lo sabías antes que yo:
Miraste al cielo durmiendo en los pieceros del lago.
Poema abortado
Quiero creer que es mentira:
Ya sé que el viento no disloca ni tu cabello más largo
que las canciones se desvían de tu presencia
que tu boca retrocede a las palabras...
Te puede cantar un árbol y no le aplaudís
tocarte la espalda una voz y no volteás
bailarte una piedra frente a frente y ni siquiera la pateás.
Y de largo, tu cuerpo se vuelve eco
y de cerca tu cuerpo se vuelve nube.
Por eso es que mi lápiz se rompe cuando voy a escribirte un poema.
Poema sin letras
Se me olvidó leer.
Las letras ya no me dicen nada.
Trato de recordar alguna:
la primera de tu nombre o la segunda,
y cuando las tengo se me quedan viendo
como niño que aún no sabe hablar.
Lectura de voz
Me senté en el pasillo a leer:
Ayer estabas en el estadio
en medio de miles de gentes
y te divisé desde...(E. Cardenal).
De repente escuché tu voz y ya no seguí leyendo.
Guion para dos cuerpos
A Ashley Alemán
Que nuestro andar sea:
dos piedras pateadas
dos gatos ebrios
dos perros bailando.
Que nuestro andar sea:
el vicio de recordar dos ojos
de besar dos tierras
de comer dos vientos.
Que sea nuestro andar
nuestros dos cuerpos calcinados,
uno sobre otro, en la cama de una morgue.
Algo pasa cuando los buses pasan
A Ashley Alemán
Siento una sacudida en toda la carne
ahora que escucho la ruta venir:
imagino tus brazos tensos aguantando tu cuerpo,
tus rodillas abriendo camino,
tus ojos atravesando a la multitud para alcanzarme.
Me preparo para correr tras la máquina
pero rozo con mi vista tu sudor
mientras tu olor me toca la boca.
El freno, al verme, me tira
a un costado de tu voz…
De pronto, se va la ruta detrás de tu último paso.
Primer encuentro
A Carlos Morales
Su existencia conocía los versos de lejos
y al verme esparcido por toda la noche
los llamó y me los puso, como jarras, en el pecho.
Todo esto es la consecuencia
de que un día le saliera del paladar decir:
Quiero ser profesor de Lengua y Literatura.
“No creo en Dios”
Sentados todos en forma de rueda nos reímos
en un tono que suena a un niño que ve caer a otro niño.
Del centro de la rueda salen unos ruidos.
¿por qué nos empiezan a sudar hasta los pelos?
si aún no hemos visto algo.
Seguimos aquí
sintiendo los zapatos embarrados del cielo
y a la vez con vos, señor; metiéndose,
poco a poco,
en la sombra de cada uno
como se mete un cadáver en los gusanos.
Ya nos cayó encima el día
y toca marcharnos solos.
Salimos y yo antes de tocar la calle,
imitando a un ladrón,
me persigno, lo más rápido que pueda, por si las moscas.